Liderar por y para la atención plena

Una cliente me comentaba esta situación. Termina el día y se siente agotada: ha estado atendiendo personas ya sean clientes, compañeros de trabajo, familia…; ha respondido correos electrónicos quedando todavía algunos (pocos o muchos) por contestar; ha vivido conflictos, que con un poco de suerte se han solucionado

y que en muchos casos solo le ha dado tiempo de experimentarlos y pensar que ya los tratará en otro momento; ha iniciado nuevos proyectos con la idea que cualquier día de estos va a dedicarles más tiempo para que salgan adelante con la calidad necesaria, porque hoy no puede; ha llegado la hora de comer y se ha alimentado sin prestar atención ni a la comida ni en cómo ha comido; en muchos momentos del día ha estado pensando en esos temas personales que requieren de su atención, y aunque no les ha dedicado lo que quería, le han estado inquietando; ha andado o conducido por las calles de su ciudad para ir de un sitio a otro, y no puede recordar algunos de los trayectos… Y durante todo el día ha estado recibiendo informaciones visuales, auditivas y/o sensoriales de las que no es consciente pero que le han activado estados de ánimo variados.

Así termina su jornada, con poca o nada de energía y con la sensación que tiene mucho por hacer y que le han quedado tantos temas pendientes que…. En fin, ¡mañana será otro día!

¿Te sientes identificado o identificada?

Estamos en una era en que la información es exhaustiva, que los cambios suceden de forma rápida, que tenemos varios frentes abiertos en un momento dado, que queremos realizar diferentes actividades… En definitiva, una era de rapidez e inmediatez.

Frente a este escenario, nuestro cerebro, nuestra mente está en constante toma de decisiones, y en muchos casos, llega el famoso estrés.

¿Qué podemos hacer? Lo primero es parar y observar. No hace falta hacer un retiro (evidentemente si alguien quiere y puede, está fenomenal) para meditar, podemos y, hasta me atrevo a decir, debemos parar y prestar atención, observar de manera objetiva sin juicios ni prejuicios tanto lo externo como lo interno. Ello nos ayudará a hacernos conscientes de lo que hacemos en todo momento y situación, y estar pendientes de una sola cosa. Y así entramos en lo segundo que está en nuestras manos para mejorar nuestra calidad de vida, poner atención plena. Esto significa que, si en este momento estoy escribiendo este artículo, es lo único que estoy haciendo, pongo toda mi atención en escribir y transmitir lo que quiero explicaros. Todos mis sentidos están al servicio de escribir. De esta manera, nos aumenta la concentración y sobre todo llegamos al final de nuestro día con más sensación de plenitud, de relajación y de haber hecho lo que debíamos hacer.

En las empresas, los líderes de hoy, pendientes que se consigan los objetivos, buscan distintas maneras y fórmulas para que sus colaboradores den lo máximo, obviando muchas veces las mentes ajetreadas de su equipo. Si las personas del equipo están centradas en una sola acción a la vez seguro que rendirán más, estarán más equilibradas, conseguirán trabajar sin estrés. Es importante, pues, que, si lideras personas, potencies en tus equipos esta filosofía y manera de vivir y trabajar, siendo tú su gran ejemplo y modelo.

Además, y por suerte, ya existen empresas de organización y gestión moderna que ofrecen a sus trabajadores programas de mindfulness o de meditación, que les ayudan a mejorar su concentración, así como vivir y trabajar con más concentración.

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