Gestionar nuestras emociones para liderar mejor

Nos pasamos la vida analizando nuestro entorno, nuestras organizaciones, nuestra sociedad, las personas que nos rodean, el equipo que dirigimos… ¿Y cuánto tiempo dedicamos a sumergirnos en nuestras profundidades? ¿Qué hacemos cuando surge alguna emoción que no nos gusta? ¿Cómo reaccionamos delante de emociones dolorosas?

Delante de distintas situaciones que nos ocurren en nuestra vida cotidiana, en el trabajo, con nuestras amistades, con nuestra familia, con nuestros colabores, reaccionamos y tenemos comportamientos determinados y surgen distintas emociones. Porque todo a nuestro alrededor puede llegar a afectarnos. 

Debemos hacernos conscientes que nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestras emociones trabajan en equipo. Así, en muchas ocasiones, la mente es una de las precursoras de nuestros estados emocionales, y éstos influyen en nuestras actitudes y comportamientos. Es importante darnos cuenta que algunos pensamientos son víctimas del mapa de creencias, que se ha ido configurando/construyendo por la educación recibida en el seno familiar y/o social y/o por los sucesos que se han ido viviendo. Existen creencias que nos limitan, y se hace necesario descubrir nuestras limitaciones para desmentirlas y conseguir mayor libertad de pensamiento.

Utilizar el pensamiento a nuestro favor nos ayuda a superarnos personalmente, y afrontar la vida de modo diferente, permitiéndonos adoptar nuevas actitudes. Lo que nos rodea acaba siendo como lo queremos ver y tenemos la responsabilidad de elegir nuestro pensamiento, sea cual sea la situación vital que tengamos.

Las emociones que sentimos no debemos controlarlas, sino gestionarlas, esto supone sentirlas, respirarlas, aceptarlas y dejarlas ir, ya que tal como vienen, se van y pasan. Y además debemos crear unos hábitos en nuestro estilo de vida para que nuestro pensamiento alimente nuestro bienestar, y ello solo depende de nosotros, ya que somos los primeros que debemos hacer una apuesta por lo personal y por nuestra felicidad.

Abrir nuestra mente, estar dispuestos a poner en duda nuestras creencias para conseguir distinguir aquellas que nos limitan, vivir conforme a los valores que nos definen, siendo fieles a nuestros principios, y con una actitud de superación continua que debe permanecer alejada de la auto exigencia, la cual no nos permite fluir. Todo ello nos ayudará a mirar todo con perspectiva. También se hace cada vez más necesario escuchar nuestra voz interior, hacer caso de nuestras intuiciones, que traen información muy valiosa para tomar decisiones.

Asumir el control de nuestra vida y nuestras responsabilidades, dejando a un lado la “actitud victimista” delante de las situaciones cotidianas de nuestra vida. “¿Por qué me pasa esto a mí?” “Esta persona siempre me hace lo mismo”, comentarios de este estilo no ayudan a cuidar nuestra autoestima ni a tener en cuenta todos nuestros recursos, al contrario, alimentan nuestro malestar y el sentir emociones de baja vibración. En esta línea, es importante agradecer y valorar lo que se tiene principalmente los pequeños placeres como tener un lugar donde dormir, una ducha de agua caliente con que bañarnos o cualquier otra comodidad. Si eres un buen líder seguro que gestionas tus emociones aceptándolas, tiene buenos hábitos del bienestar, y empatizas con tus colaboradores para entender mejor sus emociones.

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