Sembrar antes de recoger

Muchos que quieren ejercer un buen liderazgo quieren que todo y siempre les salga conforme a su visión. Y cuando observan que esto no ocurre, se frustran o piensan que no son buenos líderes.

No tienen en cuenta la realidad de la vida, que es completamente diferente de como ellos imaginan. La realidad es que en la vida no cuenta cada acción, sino más bien la media de las acciones. Así, un buen líder no lo es por el hecho de que una vez lideró muy bien, sino porque la media de muchas de sus acciones de liderazgo son buenas.

La regla fundamental del liderazgo es esta: “Si quieres que tu equipo confíe en ti y te den lo mejor de ellos mismos, tú tienes que haberles dado a ellos primero”.

Efectivamente, esta es una regla fundamental de la Naturaleza, y también se cumple en las relaciones entre personas y en el liderazgo. Tú no puedes esperar coger una manzana de un árbol si tú no has plantado previamente el árbol, lo has regado, lo has desparasitado, etc.

Igualmente, tú no puedes esperar que un colaborador/a de tu equipo se fíe de ti, te de ese plus que esperas que te de un colaborador altamente motivado, si tú antes no has sembrado en él/ella dándole cosas: tu cariño, tu comprensión, sabiendo escucharle, motivarle, teniendo paciencia con sus defectos, sabiendo enseñarle, etc. Cada líder sabe qué cosas puede y debe sembrar en cada persona en el momento oportuno.

Y, ¿cuándo debe el líder sembrar en su equipo? Pues siempre. En todo momento. En las cosas importantes y en las cosas, digamos, menos importantes. Y digo menos porque el buen líder sabe que todas las interacciones humanas son importantes.

Pero existe otra regla importante a tener en cuenta: “No todo lo que se siembra germina.” En marketing se considera un gran éxito si, en una campaña publicitaria, compra el 2 por ciento del público al que se dirige la campaña. En liderazgo, también se cumple. Muchas acciones de siembra del líder se perderán.

No serán tenidas en cuenta por los destinatarios. No las apreciarán; o, incluso, pueden ser mal interpretadas y causar malestar a alguna persona del equipo, allí donde el líder pretendía causar motivación y buen rollo. Esto es así. Pasa en el liderazgo y pasa con todas las cosas en la Naturaleza.
Si un árbol lanza 1.000 semillas fecundadas que pueden fructificar, sólo una llega a convertirse en un árbol adulto.

Por tanto: ¡Ánimo, líderes! No pasa nada si la gente no responde como tú pretendías una y otra vez. Tenéis que insistir e insistir. No todas tus acciones de liderazgo bien ejecutado serán tenidas en cuenta. La mayoría se perderán.

Pero no te fijes en eso, que es lo que no vale. Lo que cuenta son las acciones que sí son captadas y tenidas en cuenta por algún miembro del equipo. Hoy uno capta una; mañana otro capta otra. Eso es lo que suma. Eso es lo que diferencia a un buen líder de un líder regular o francamente malo. ¿Cuántas acciones de liderazgo bien hecho has sembrado tú hoy? Recuerda que “el momento de actuar es: ahora”.

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