Vuelta al cole

fin del verano, se acaban los días largos de sol, el relax, la paz mental, la diversión y según donde hayamos decidido ir de vacaciones, se acaba la experiencia en aquel destino elegido, un nuevo país o aquel lugar que repetimos cada año donde sabemos que allí las cosas suceden de una manera diferente. Esto es el verano y con él va muy relacionado nuestro humor, nuestro estado de ánimo.

Llega el día de la incorporación a nuestra vida (¿real?, lo escucho a menudo), y todo esto que hemos vivido y que tanto nos gusta se acaba, vuelven las rutinas, los viejos hábitos, la incorporación en el puesto de trabajo y las obligaciones que, si cabe, parecen aún más grandes.

Pero no debemos pasar por alto que la vida no entiende de calendarios, que no existe una vida real y una utópica, que los días valen todos por igual y que siempre tienen 24 horas, tanto si estamos de vacaciones como si no. Y aplazar la felicidad hasta el próximo fin de semana, el puente o las siguientes vacaciones, puede llevar a uno a una insatisfacción en el día a día.

¿Qué sucedería si cada día pudiésemos tener ese humor que tenemos estando de vacaciones? ¿Cómo podemos conseguir un estado idílico y hacer que los días, sean entre semana, fin de semana o vacaciones, igual de satisfactorios? Está de nuestras manos decidir qué emoción queremos que predomine en uno mismo y elegir que pensamientos pueden favorecer la oportunidad que se nos presenta en esta nueva vuelta al cole. Y es que se trata de esto, cada día es una nueva oportunidad, eso sí requiere compromiso, responsabilidad, perseverancia y desear algo realmente con el corazón, como puede ser la felicidad.

Recuperar la ilusión por el proyecto personal y profesional, y si este es inexistente, definirlo para nuestro bienestar, tomar conciencia de lo que es importante para nosotros, conocer nuestros valores y potenciar aquellas acciones que nos lleven a hon rarlos a diario, son algunos recursos. Además, podemos incorporar en nuestro día a día esos hábitos que tan bien nos hacen sentir, olvidarnos de las prisas, regalarnos un desayuno consciente por las mañanas, pasar más tiempo con la gente que queremos, darle espacio a los hobbies que nos hacen disfrutar, y todo ello sin excusas.

¿Y en el puesto de trabajo? Podemos agradecer los aspectos positivos, con gratitud, relacionarnos con los compañeros como si fueran compañeros de viaje, con compasión y sin prejuicios, celebrar cada uno de los logros, de los objetivos que uno se va marcando. Al fin y al cabo estás eligiendo libremente trabajar en esta empresa para llevar aquella vida que anhelas o que ya tienes, ¿o no? Puedes elegir la queja continua y seguir viendo lo negativo o bien enfocarte en lo positivo, manteniendo una actitud positiva y de gratitud con todo aquello que ya tienes (y afortunadamente, es mucho), observar tus tareas como algo fascinante, estudiar cómo puedes retarte, ser mejor persona, ser mejor profesional, encontrando nuevos métodos, desarrollando la flexibilidad y el flow, y utilizando la creatividad a favor de tu bienestar.

Cuando éramos niños enfrentábamos la etapa de un nuevo curso con ilusión y con ganas de nuevos aprendizajes, ¿por qué tendríamos que desaprovechar ahora esta nueva oportunidad?

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