Conversando con Enrique

A propósito de mi último artículo sobre liderazgo sobre características de un líder, se desencadenó una de las muchas conversaciones sobre este tema con Enrique, ejecutivo sabio y muy experimentado. Me explicó que había vivido diversas situaciones a lo largo de su dilatada trayectoria profesional y que estaba totalmente de acuerdo en las características del líder, pero quería profundizar más en el cómo y el para qué o el porqué. Pude olisquear el reto.

Indagando en mi mundo, que es el de la calidad, recordé a diferentes autores como W. Edwards Deming o Joseph Juran entre otros. Deming, uno de los más importantes gurús de la calidad, afirma que hay que liderar para promover la formación de las personas, para que estas adopten una nueva filosofía y para fomentar el orgullo por el trabajo bien hecho. Joseph Juran, considerado como uno de los gestores de la revolución de la calidad, introduce aspectos como la comunicación orientada y dirigida a los miembros de la organización. El buen líder debe poner a disposición todos los medios para instruir, formar, entrenar y educar al equipo en la cultura de la organización. La formación de las personas de la organización y la comunicación interna, son dos herramientas fundamentales que responderían al cómo lograr conducir al grupo.

El equipo necesita herramientas. Si usted quiere conseguir algo determinado necesita un grupo capacitado e informado. Los expertos destacan la importancia de crear conciencia y coinciden en el valor del liderazgo para la consecución de metas. El porqué y para qué liderar siempre encuentran la misma respuesta: “para conseguir determinados objetivos”. Cada organización es distinta, por lo que las citadas metas pueden venir marcadas en ocasiones por el propio líder y en otras muchas ocasiones por políticas, planes e instrucciones de órganos de gobierno superiores.

En cualquier caso, la principal tarea del líder es guiar a todo un grupo para la consecución de unos determinados retos, intentando no convencer, sino seducir. Si nos centramos en el cómo, en primer lugar, el líder debe tener muy claros los objetivos para definir una estrategia, debe ser capaz de motivar a las personas. Si el líder no muestra entusiasmo, difícilmente podrá arrastrar al grupo. El líder debe actuar como catalizador. La forma de interactuar puede ser totalmente diferente en función de cada persona y cada estilo. En ocasiones, por la magnitud de determinados proyectos o por el propio tamaño de la organización, puede interactuar llevando a cabo un liderazgo compartido, en el que un miembro de su equipo actúe como agente facilitador.

Para motivar, un líder estimulará constantemente al grupo con nuevas ideas, con lo que eleva las aspiraciones de sus equipos, las fusiona con las propias e implica al grupo. La comunicación será una herramienta fundamental. Watlawich (1981) afirma que no existe la no-comunicación, al igual que no existe la no-conducta. En el arte de comunicar, cada líder tiene su estilo y forma.

Será fundamental planificar la comunicación, definir y diseñar distintas herramientas para comunicarse de una forma fluida. Un buen líder utilizará toda su creatividad para inventar y encontrar la forma idónea de interacción. El líder orientado a elevados niveles de rendimiento despierta e inspira confianza. Esto también consigue modelar conductas, y es aquí donde ejercerá de guía de todo un equipo, al que presta atención, respeta y otorga responsabilidades, creando una cultura que permita alcanzar los objetivos individuales y los de la organización en beneficio mutuo.

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