Se buscan seductores

Imaginemos una noche de verano cualquiera en una zona de playa, en el fondo del local en actitud relajada y divertida, una mujer atractiva. Por sus facciones, altura, quemaduras en su piel y un collar con el nombre Diane se la identifica como a una turista, despachando de manera rápida y continuada a un buen número de pretendientes. Nuestro casanova, un hombre resultón, sin ser el más guapo del lugar pero capaz de obtener la mejor versión de sí mismo. Formal pero elegante, viste unos vaqueros adecuadamente ajustados y una camisa blanca con las mangas remangadas, que le permiten lucir su piel bronceada y su reloj de runner. Se acerca a la joven de manera decidida.

–Hola, my name is Juan, yo también soy Triatleta...– dijo de manera interesante y divertida.

WOW! –respondió la joven sorprendida por la afirmación. Cómo lo has sabido? –Preguntó titubeante.

Mira –Juan subió las mangas de su camisa hasta los hombros, mostrado la acentuada y casi crónica marca del sol que suelen lucir aquellos que hacen largos recorridos en bicicleta, identificativo inequívoco del colectivo. La chica miró a Juan con cara de admiración, sonrió y respondió ofreciendo su mano.

–I am from New York, estoy aquí de vacaciones.

En los siguientes 90 minutos, Juan dedicó todos sus esfuerzos a bromear, interesarse por sus gustos y coincidencias que le podían unir a Dianne. Hablaron sobre deporte, vino tinto o blanco, sobre la universidad, escuchó de forma atenta y paciente su debilidad por los animales así como su respeto por la naturaleza, la dieta vegana o los beneficios de la práctica del yoga. Incluso de manera sutil fue capaz de saber cuáles eran las virtudes y las principales características que hacían que Dianne se sintiera atraída o retraída por un hombre. La noche transcurrió rápida y dos tiernos besos, el segundo de ellos en la comisura de los labios, lanzado por Dianne como una clara declaración de intenciones. Juan, no se dejó llevar por la emoción del momento, templó sus nervios y, con la misma sutileza y elegancia con la que se presentó, se despidió de la new yorker, con un dulce abrazo y un: “See you tomorrow”.

El final de la historia es predecible aunque no definitivo, puesto que no siempre las cosas terminan como uno espera, pero sí que podríamos afirmar que Juan:

Consiguió captar la atención de Dianne, a pesar de no parecer ser el mejor candidato.

Que fue capaz de diferenciarse del resto de Donjuanes del lugar

Ahora volvamos a imaginar: Juan ya no es un ligón, es un comercial de un producto cualquiera que compite en precio y calidad con el resto de su competencia sin destacar en exceso. Dianne dejó de ser una turista, es la directora de compras de una cadena de gran consumo.

1. Identificación del target: Juan eligió a la mejor compradora posible en relación a su producto, conocimientos y competencia.

2. Preparación: Juan estaba perfectamente formado y capacitado para hablar de su producto, adaptar su discurso y ofrecer sensación de seguridad y credibilidad ante cualquier información requerida por la compradora.

3. Empatía: Juan se centró en buscar puntos de afinidad con la compradora para detectar sus necesidades, inquietudes y preferencias, al mismo tiempo que obtenía información de la su competencia y podía interpretar señales de la compradora.

4. Paciencia: No se conformó con un negocio rápido, no se precipitó, para poder procesar toda la información y ofrecer a la compradora una relación estable y duradera basada en la confianza. Así que un buen comercial es un seductor. Se distingue por su preparación, pasión y educación para la acción. ¡Seduce y venderás!

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