Tendencias positivas

La mayoría de nosotros, conoce el fenómeno casi universal de definir propósitos para el año nuevo. Llevamos un par de semanas del 2017 y muchos ya hemos fijado esas metas, y empezado con la energía y fuerza propias de “la arrancada de un potro jerezano”.

Y ese entusiasmo está ahí pese a que, por la experiencia de otros años, sabemos que de esos objetivos, algunos serán alcanzados plenamente, otros de forma modesta y unos pocos se quedarán en algún punto del camino.

Habrá quien piense que este juego recurrente de declarar propósitos sabiendo que no todos tendrán éxito, es una mezcla de autoengaño y justificación, con cierta dosis de tontuna.

Sin embargo, en la reflexión que hoy propongo quiero revindicar el valor intrínseco de este fenómeno (aun con sus limitaciones) tanto para el liderazgo personal como para el de equipos.

La primera aportación reside en que es una Vacuna contra la Autocomplacencia, que constituye un verdadero virus para individuos, grupos, empresas e instituciones.  Está bien eso de gustarse a uno mism@, por aquello de que una sana autoestima nos equipa mejor para afrontar lo que la vida traiga, y desde luego nos permite disfrutar mucho más.  El problema surge cuando la autoestima se convierte en ensimismamiento hipnótico y nos impide ver más allá de nuestro ego. Un propósito de año nuevo nos invita a salir de nuestra zona de confort y a superar algunos límites.

La segunda aportación es el Aprendizaje.  Cuando al analizar cómo nos fue el año anterior con nuestras metas y encontramos que, en algunas hemos suspendido, la inteligencia nos llama a revisar qué hicimos o dejamos de hacer para conseguir esa cosecha de calabazas. En Programación Neuro Lingüística se dice que no hay éxitos ni fracasos, sólo resultados y desde esta perspectiva positiva, podemos analizar “con menos dolor” cómo hemos construido los resultados obtenidos para poder cambiar aquello que no funcionó y volver a la carga con una mejor comprensión de nosotros mismos y un plan mejorado. 

La tercera aportación es la Dirección y el Sentido que proporciona tener metas, objetivos, propósitos... Una pregunta con la que confronto o veces a mis clientes en procesos de coaching es ¿qué quieres ser? ¿pez o medusa?  Los peces pueden nadar en la dirección que quieren, las medusas van donde las lleva la corriente. Cuando no nos paramos a preguntarnos dónde estoy y a donde quiero ir, simplemente “meduseamos”.

Por último, nos permite una Mejor Adaptación. Hoy en día a nivel personal y organizativo, ya no es una opción descansar sobre la satisfacción de lo alcanzado. Afinar nuestras capacidades cada año evitará que nos quedemos desactualizados y perdamos trenes que, con un poco de entrenamiento, podemos coger.

De modo que invito a tod@s a llevar a cabo el ejercicio de reflexión y sana ambición que supone marcarse propósitos de año nuevo.  El primer componente del liderazgo reside en establecer una visión de aquello que queremos conseguir y por lo que merece la pena esforzarse.

Y al igual que no hay valor sin miedo, la certeza de no alcanzar todo lo marcado pone a prueba nuestro coraje y compromiso.  Puede ser largo y difícil llegar, pero por el camino también cosecharemos victorias, creceremos como personas y profesionales y desarrollaremos equipos y organizaciones más sanas.

Al final lo importante es avanzar, acercarse un poco más cada vez, marcar tendencias positivas que son éxitos en sí mismas. Sólo hay una dirección válida: hacia adelante.

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