Sólo o acompañado

A pesar del título, no voy a hablar de relaciones de pareja. Bastante complicado es y dudo que pudiera dar ningún consejo.

En la última sesión con alumnos chilenos que estas últimas semanas están participando en unos programas de posgrado en la UdL, les mostré el video de uno de los episodios de la primera temporada de “Pesadilla en la Cocina” en el restaurante Katay de Sevilla. En la escena los socios comienzan a faltarse al respeto y se destapan los claros problemas de su relación.

El video generó un interesante debate y nos dio pie a reflexionar sobre la importancia de elegir bien a nuestros compañeros de viaje y a dejar las cosas claras desde un principio, cuestiones que me animaron a escribir estas líneas.

Un proverbio africano bastante conocido dice que “Si quieres ir rápido, ve solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado”  y, ciertamente es así. No obstante, bastantes emprendedores a los que hemos asesorado y que han tenido malas experiencias con algún socio, manifiestan que el nuevo proyecto empresarial prefieren montarlo solos.

Fernando Trías de Bes en su “Libro negro del emprendedor” señala que en ocasiones los socios son como los bancos: un mal necesario, pero sin olvidar que son créditos a largo plazo y al 22%.

Muchas veces, al escuchar a emprendedores me doy cuenta que la elección de los socios no ha sido muy racional, más bien ha sido por comodidad o quizás por miedo a no ir solos. De hecho, algunos me han confesado que en el primer proyecto fueron acompañados por miedo al fracaso pero que si creasen una nueva empresa preferirían hacerlo individualmente. Posiblemente esa percepción se deba a que la primera elección no fue muy acertada.

¿Y qué debemos buscar en nuestros socios empresariales para que realmente esa relación sea una ventaja? En primer lugar a alguien que nos complemente en carácter y en competencias, alguien que dé coherencia al equipo fundacional y al proyecto, alguien que quiera ser protagonista en vez de víctima y, sobre todo, a alguien honrado y con quien compartamos valores. Todo eso evitaría muchos problemas en el futuro.

Sin embargo, a pesar de encontrar unos socios estupendos, es muy probable que aparezcan problemas en sus relaciones personales y con la empresa. Hoy en día, los que apoyamos a personas emprendedoras en su fase de creación, solemos recomendar que redacten un Pacto de Socios.

Pablo Mancía señala que un Pacto de Socios es, ante todo, un contrato privado que suscriben voluntariamente todos los socios de un proyecto con el objetivo de regular sus relaciones, sus obligaciones y derechos, así como el funcionamiento de una Sociedad.

Un Pacto de Socios es dejar claras las reglas del juego respecto a un sinfín de temas como la dedicación, aportaciones, sistema de toma de decisiones, remuneración y reparto de beneficios, ampliaciones de capital en caso de dificultades económicas, planificación de la salida o entrada de un socio, entrada de trabajadores familiares, etc.

En el fondo el pacto de socios es como el plan de contingencias, ¿Que pasa sí?,  y nos va a permitir prever ciertas circunstancias que pueden afectar negativamente a la continuidad de la empresa. Conviene hacerlo por escrito y antes del inicio de la creación y puesta en marcha.

Si bien es cierto que el Pacto de Socios no evitará que surjan problemas, sí que regulará cómo resolverlos y cómo actuar ante determinadas situaciones y, posiblemente, nos evitará muchos disgustos.

Busquemos socios que sumen, que generen sinergias, que busquen soluciones a los problemas en lugar de excusas. En definitiva, alguien con quien compartir la apasionante aventura de emprender.

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