Entonces, ¿SOY EL CEO?

Hace ya mucho que los acrónimos CEO (Chief Executive Officer) y MD (Managing Director) se han integrado al día a día empresarial sin que nos llamen la atención o nos sorprendan.

Pero ¿qué interpretamos cuando leemos esas siglas junto al nombre del cargo que las representa en una empresa? ¿Nos dejamos influir por el tamaño de la empresa y su estructura? Esto es, ¿nos sorprende más cuando se utiliza en pequeñas empresas? Es posible que en algunas ocasiones la utilización de esta terminología nos resulte, incluso, exagerada.

Sea como fuere, bajo mi punto de vista, toda Empresa puede tener su CEO, independientemente de cuan adecuado pueda parecernos a cada uno el uso del anglicismo. La figura del CEO se asimila en nuestro ordenamiento jurídico a la del Consejero Delegado y a la del Alto Directivo (generalmente, el Director Ejecutivo), es  decir, aquellos representantes de la Empresa con el más amplio poder ejecutivo (facultado por el Órgano de Administración).

Queda claro que la figura del Consejero Delegado está ligada a la existencia de un Consejo de Administración, con quien otorgará un contrato que regule sus funciones. ¿Pero qué identifica al CEO Alto Directivo?

La jurisprudencia ha venido utilizando tres criterios para definir una relación laboral especial de Alta Dirección: el criterio objetivo, el criterio funcional y el criterio jerárquico. Cada uno de ellos vendría a identificar (a grandes trazos) las principales características de un Alto Directivo: (i) el alcance de su ámbito de actuación en la Empresa, que le faculta para actuar en todas sus áreas, gestionarlas y supervisarlas, (ii) su facultad de actuación con autonomía y plena responsabilidad y (iii) el hecho de que su único superior en la escala jerárquica sean los Órganos de Gobierno y Administración de la Empresa.  

De ahí mi planteamiento inicial, cuanto a que toda Empresa pueda tener su CEO, bien en la figura del Consejero Delegado, bien en la figura de quien reúna las características del Alto Directivo descritas, basadas en sus poderes, su autonomía y el único límite de los criterios e instrucciones directos de los órganos superiores de gobierno y administración de la Sociedad.

Eso sí, para que la relación especial de Alta Dirección sea completa, ésta debe venir regulada por el correspondiente Contrato de Alta Dirección. Pero esa ya es materia para una próxima ocasión.

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