Saber o no saber

Tal como decía Albert Einstein, la mente es como un paracaídas, solo funciona si se abre. En este sentido, son alentadores descubrimientos científicos en cuanto a la mente que todos tenemos.

Otra frase célebre resulta crucial para iniciar el desarrollo de la mente: “el buen maestro llega, cuando el alumno está preparado”, de Siddharta. O lo que es lo mismo, no se puede enseñar a quien no es consciente de que no sabe.

Aprender requiere la determinación de avanzar, mejorar, completar nuestro conocimiento. ¿Realmente, desean saber más?

Tenemos las teorías sobre las diferentes inteligencias de Howard Gardner, ocho en concreto. ¿Recuerdan los test de coeficiente intelectual (CI)? Este tipo de test elaboran una media entre dos inteligencias: la lógico matemática y la verbal. En síntesis, nuestra capacidad para entender los problemas y para resolverlos, también llamado razonamiento abstracto.

Ciertamente son dos inteligencias muy útiles, tanto en la vida académica como en la profesional, que nos ayudaran a sacar mayor partido a nuestras vivencias, experiencias, aprendizajes, etc. Y sobre todo, a las otras 6 inteligencias: musical, corporal, naturalista, espacial, personal e interpersonal. Lo más interesante de esta teoría, es que todas se pueden desarrollar hasta el máximo que determine nuestro ADN.

La musical, es la capacidad del ritmo, del tono, de identificar y asumir patrones musicales. Esta inteligencia guarda relación con la lógica – matemática, dado que en ambas se desarrolla la habilidad para identificar patrones y ello nos ayuda a resolver múltiples problemas.

La corporal, es la capacidad del movimiento, la coordinación, la agilidad, armonía, elasticidad, velocidad, etc. La desarrollan deportistas, bailarines, etc.

La naturalista, es la capacidad para identificar diferentes especies de la naturaleza, familias y/o agrupaciones de seres vivos, razas, culturas, de paisajes naturales, etc. En el ámbito empresarial, es muy útil para negociar. Identifican rasgos y culturas, costumbres y maneras de hacer o intereses.

La espacial, es la capacidad de ver los objetos en tres dimensiones, de manera que resulte fácil comprenderlos y dibujarlos. También es la responsable del sentido de la orientación. La desarrollan aquellas personas con buena orientación, o aquellas con habilidades para el dibujo técnico o artístico.

La personal, es la capacidad para conocerse a uno mismo. Pero no solo de manera superficial, sino que abarca desde las emociones hasta el intelecto. Se trata de identificar cómo sentimos, y de por qué sentimos determinadas emociones como la ira, el entusiasmo, la vergüenza, la inquietud, etc. Para con ello, poderlas gestionar a nuestro favor. De esta manera, evitamos un mal uso de nuestras emociones por parte de terceros hábiles en hacernos perder el control.

Cuando actuamos bajo un impulso emocional defensivo, lo hacemos con la zona más primitiva de nuestro cerebro, el cerebro reptiliano que actúa por impulsos. Es donde se ubican los instintos más primitivos: el de supervivencia, por ejemplo. Y aquí no media la razón.

Por otro lado, la inteligencia interpersonal es la habilidad social que nos ayuda a relacionarnos con los demás, a escucharnos y a entendernos para así poder interactuar mejor. Es una de las habilidades más importantes para el éxito, dado que es imposible alcanzarlo en solitario. Se requieren equipos alineados, comprometidos e ilusionados con un proyecto común.

La suma de la inteligencia personal e interpersonal, es lo que Daniel Goleman acuñó como inteligencia emocional. Es la que nos da visión de futuro y nos permite desarrollar nuestro potencial y el de las personas de nuestro alrededor, para alcanzarlo.

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