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Innovación, renovación y mejora contínua

Innovar es hacer algo de una forma diferente a la habitual o establecida. La innovación debe perseguir que el proceso se efectúe de forma más eficiente, utilizando menos recursos, sin malgastar ni tiempo ni energía.

Cristóbal Colón era un innovador que descubrió América por casualidad. Él no buscaba un nuevo continente sino un camino más corto para llegar a las Indias; por tanto, se cuestionó la forma en que se hacía una cosa y buscó una solución más eficiente. Era una persona de mente abierta y obtuvo un gran éxito, no el que él se esperaba, si no uno mucho mayor. Su afán innovador realmente aportó mucho a la humanidad.

Muchos de los procesos de negocio se establecieron hace tiempo, en circunstancias distintas de las actuales y con una disponibilidad de recursos y herramientas diferente. Innovar no consiste, por tanto, en cuestionar decisiones anteriores, lo cual no aporta nada; es obvio que el tiempo no puede rebobinarse, el pasado no se puede cambiar. De hecho es una pérdida de tiempo arrepentirse de una decisión anterior que ha desembocado en un proceso ineficiente; lo que hay que hacer es trabajar para que vuelva a ser eficiente lo antes posible y genere riqueza y no pérdida. Cuando un proceso lleva tiempo establecido, siempre hay que cuestionárselo.

A veces pensamos que la investigación, el desarrollo y la innovación (I+D+i) solo hacen referencia a la búsqueda de avances científicos o al desarrollo de nuevas tecnologías, y olvidamos que hay un amplio campo de mejora en los procesos cotidianos.

Se confunde investigación con desarrollo e innovación. Cuando se habla de I+D+i demasiadas veces nos detenemos en la primera I, la de investigación, y le restamos importancia al desarrollo y a la innovación. La investigación nos dota de nuevos conocimientos y herramientas; con el desarrollo y la innovación se usan esos conocimientos y herramientas para resolver soluciones reales y obtener aplicaciones prácticas. Todos los aspectos se necesitan. La mejor y más clarificadora definición de I+D+i que conozco es la de Julio Lorca Gómez y Alejandro Jabad: “Investigar es invertir recursos para obtener conocimiento, en tanto que innovar es invertir conocimiento para obtener valor”. Parece que esta definición se inspiró en una del ex primer ministro finlandés Esko Aho, realmente provocativa y en exceso materialista, en la que afirma: “Investigar es como invertir dinero para obtener conocimiento, mientras que innovar sería invertir conocimiento para obtener dinero”.

De esa magnífica definición se deduce que mientras la investigación no está al alcance de todos, sí lo está por contra la innovación, ya que todos tenemos conocimientos en algún campo y, por tanto, podemos generar valor con ellos. En función de nuestros conocimientos y nuestras capacidades no solo todos podemos innovar, sino que todos estamos llamados a innovar.

Además no podemos obviar que una estrategia adecuada de I+D+i genera un círculo virtuoso; es un fenómeno que se retroalimenta, un servosistema.

El proceso innovador debe ser una evolución, no una revolución en sí mismo, puede llegar a producir resultados revolucionarios pero no tiene que destruir, de entrada, nada de lo que está funcionando, de lo que es eficaz aunque no eficiente. Debe permitir una transición sin ruptura desde la situación anterior hasta la nueva. Las cosas no pueden dejar de funcionar, ya que siempre es mejor funcionar de forma ineficiente que no funcionar. No puede detenerse el día a día.

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